¿Es usted un “Filtro de Presión”?

Publicado el por Ney Díaz

A lo largo de mi carrera profesional y empresarial he tenido la oportunidad de leer, ver y escuchar mucho sobre el tema de liderazgo. También he tenido el honor de conocer muchos líderes, sin contar también sobre los que he leído o de los que he visto interesantes biografías. Me he expuesto también a interesantísimos enfoques, impactantes recursos, innovadoras herramientas, impresionantes metodologías y trascendentales programas para ayudar a los líderes a ser mejores en sus funciones.


Como es obvio no existe un evento de liderazgo o una descripción de un gran líder en la que no surjan cualidades tales como integridad, empatía, asertividad, visión, motivación, compromiso, enfoque, coherencia, etc. No obstante, siempre me he preguntado cuál es la característica principal que hace que alguien sea un líder o no lo sea. No me refiero a aquellas características que distinguen a un gran líder de un líder normal, o a éste de uno mediocre. Esto porque lo que he aprendido es que cada gran líder es una combinación única de atributos, cualidades y circunstancias. Me refiero a aquella competencia única (innata o adquirida) que distingue a quien puede recibir el denominativo de líder y quién no. A mi humilde juicio esta competencia es la capacidad de ser un “Filtro de Presión”.


Antes de hablar un poco más sobre a qué me refiero con “Filtro de Presión”, entiendo que lo primero que hay que aclarar es qué es un filtro. En su definición más simple un filtro tiene la función de retener las impurezas o partículas no deseadas que recibe y que a partir de éste, todo lo que salga esté más limpio, depurado, libre de impurezas, ligero, etc. Ya dicho esto es muy fácil definir a qué me refiero con ser un “Filtro de Presión”, pues es eso mismo: recibir las presiones que se reciben a diario, regularlas y canalizarlas de la forma adecuada. Se trata en esencia de “descodificar” esa presión y “traducirla” en un código entendible que pueda ser asumido en la empresa sin generar innecesariamente ansiedad, conflictos, desmotivación, desenfoque y “desconexión emocional”. De hecho, un líder que sea un experto filtrando puede transformar el más grande de los problemas en el más trascendental de los retos.


Cuáles son las dos posiciones extremas asociadas a este concepto de ser un “Filtro de Presión”. En primer lugar está ser un “Tapón de Presión” lo cual consiste en asumir para sí mismo toda la presión y “aguantarla”. Como todo tapón que recibe mucha presión, éste al final cede de forma violenta y las consecuencias terminan siempre siendo peores que la suma de todas las consecuencias de las pequeñas presiones que se fueron acumulando. La otra posición extrema, y la cual confieso es la que más frecuentemente ocurre, es la de ser un “Amplificador de Presión”. Esto implica recibir las presiones para luego aumentarlas y reforzarlas (con sus inseguridades, frustraciones e inconformidades) convirtiendo cualquier situación en una tragedia, tanto para él y todos los que le rodean. Obviamente ninguno de estos dos pueden llamarse líderes.


¿Quiere decir esto que las personas que no tengan funciones de liderazgo en una organización no deben tener o sentir presión? Claro que no. La presión bien manejada siempre es saludable pues es lo que nos obliga a salir de la zona de confort. De igual forma los problemas, inconvenientes e impasses son inevitables; además de ser muchas veces la fuente del crecimiento y la adquisición de madurez. Pero la presión que deben tener quienes no son líderes (aunque eso podría ser motivo de debate ya que a mi entender todos podemos ser líderes en lo que hagamos…) son las presiones típicas asociadas a sus funciones. Obviamente también están las tradicionales que existen como el tener que lograr metas, el cumplir con procedimientos y estándares, la gestión de imprevistos y el cumplimiento de fechas límites.


Quisiera terminar este post con dos reflexiones. La primera es que debemos recordar que existe una diferencia entre “stress” y “distress” pues el primero nos moviliza (por lo que no hay que huirle) y el segundo nos paraliza y neutraliza. La otra reflexión es recordar que la gran mayoría de los empleados que se van de una empresa no se van debido a la empresa. La mayoría se van debido a su jefe…

Un simple ser humano agradecido del privilegio de ganarse la vida aportando al éxito profesional, crecimiento empresarial y desarrollo personal de los demás.

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